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¿Esta realmente muerto el centro liberal?

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La semana siguiente a las elecciones parlamentarias y primera vuelta presidencial debe ser la favorita de los analistas políticos. Todos aventuran conclusiones, confirman diagnósticos previos o reinterpretan sus predicciones. Hay variedad de análisis y conclusiones para todos los gustos en una infinidad de medios tradicionales y digitales, pero hay una idea que han venido a convenir: la muerte del centro liberal.

El día de la elección fue una tragedia de proporciones. La DC, histórico partido identificado con el centro, tenía su peor resultado en décadas. El nuevo pacto electoral definido como de Centro Liberal, Sumemos, no logró elegir a ningún parlamentario y solamente Amplitud fue capaz de elegir a dos consejeros regionales. Además, los partidos que se autodenominan liberales, pero militan en la izquierda y la derecha, se vieron fortalecidos con más parlamentarios. Como si el knock out no fuera suficiente, los 3 partidos de Sumemos, cayeron en causal de disolución por no conseguir la cantidad exigida de parlamentarios ni el mínimo umbral de votación para seguir existiendo.

Así las cosas, lo lógico sería pensar que el centro está muerto, que no existe, o que se vació, como plantearon los analistas y políticos. Sin embargo, el centro político está muy lejos de la muerte, está invisibilizado.

La encuesta CEP, en una escala de 1 a 10, ha mostrado sostenidamente en el tiempo que la mayor identificación política de las personas está en el centro; y eso que solo considera de centro a los que indican 5 y 6 (¿cómo quedaría si le sumamos también el 4?). No necesariamente esas personas votan por candidatos de partidos de centro, de hecho, esas personas tal vez ni siquiera votan.

Pero, ¿significa eso que suscriben las ideas radicalmente de derecha o las radicalmente de izquierda? Lo dudo mucho. Esas personas probablemente adscribirían a propuestas radicalmente de centro. En una Cámara de Diputados de 155 asientos, hay 14 representantes DC (centro izquierda) y 4 parlamentarios de Evópoli (centro derecha); hay 0 representantes de la coalición que trató de tomarse el centro liberal. No hay centro liberal, no hay centro radical, solo hay centro de derecha y centro de izquierda, comúnmente asociados a una izquierda y una derecha más bien gradualistas o cooptados por sus respectivos extremos comunitaristas.

Si la ciudadanía mayoritariamente se identifica como de centro, pero solo vota el 46% del electorado y no por los candidatos de centro; significa que quien perdió la elección no fue exactamente la oferta de centro, sino que la ciudadanía centrista que demanda un centro probablemente más radical que lo identifique, que lo excite, que lo llame a votar con propuestas de verdad. Solo les fue bien a las propuestas liberales que se asociaron con la izquierda y con la derecha.

El resultado de esta elección y el fracaso del modelo actual de la oferta de centro, es una excelente oportunidad para reformular y reorganizar a todos los partidos y movimientos de centro (llámense Amplitud, Red Liberal, Ciudadanos, Partido Liberal, Evópoli, socialdemócratas laguistas), radicalizar sus propuestas y captar a todos esos votantes y no votantes identificados con el centro.

¿Radicalizar el centro? Es broma, ¿verdad? Estamos demasiado acostumbrados a que “el centro”, significa gradualidad, lo que estuvo muy bien y fue un aporte vital en la época de transición; pero la transición ya terminó. Hoy el centro debe tener propuestas no “medio de derecha, medio de izquierda”, “lo mejor de cada lado” o “que hagan los cambios graduales”.  El centro, en particular el centro liberal, debe tener propuestas radicales.

Ideas radicales de centro son, por ejemplo, defender con fuerza el libre mercado y repudiar con energía los abusos; asegurar pensiones dignas con responsabilidad fiscal; promover las relaciones de igualdad entre las personas; estar en contra de los privilegios a todo nivel; tomar la lucha social por una salud digna, que ni izquierdas ni derechas han sabido proveer; abrazar el feminismo y las causas por la diversidad sexual; poner en el centro de la economía, de una buena vez, a las PyMEs y la tecnología; en definitiva, promover la idea de que la libertad solo se puede alcanzar cuando estamos en cancha pareja, en igualdad de condiciones, y cuando el mercado y el Estado son socios que colaboran y no enemigos irrenconciliables.

El centro liberal no está muerto, está huérfano. Pero no de líderes caudillistas; está huérfano de propuestas radicales que lo definan, que muevan a esa mayoría que se autoidentifica en el centro político y genere la masa crítica (electoral y partidaria) que le de un espacio en los lugares de representación.

Por: Alejandro Fernandez