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Ser Liberal

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Muchas cosas unen a Vlado Mirosevic, Sylvia Eyzaguirre y Cristóbal Bellolio.

Forman parte casi de una misma generación —tienen 30, 42 y 38 años, respectivamente—, cada uno es una voz escuchada en sus ámbitos correspondientes —el Congreso, los centros de estudio y el análisis político—, y comparten un mismo adjetivo. Son liberales. Es decir, dicen adscribir al liberalismo, esa corriente filosófica y política que para muchos tiene tanto de inexpugnable como de diversa y que en los últimos ocho años ha intentado tener distintas expresiones políticas.

Mirosevic es fundador y presidente del Partido Liberal. Cientista político oriundo de Arica, acaba de ser reelecto como diputado, y es miembro fundador del Frente Amplio. Sylvia Eyzaguirre es filósofa, doctora en Filosofía e investigadora del Centro de Estudios Públicos (CEP) en materias de educación. Militante de Ciudadanos, formó parte de la comisión programática de Sebastián Piñera sobre el tema, e incluso suena como eventual miembro de su gabinete. Bellolio, en tanto, es abogado, licenciado en Ciencias Políticas y doctor en Filosofía Política. Profesor de la Universidad Adolfo Ibáñez, se mueve como pez en el agua del análisis político.

Sylvia y Cristóbal son prácticamente huérfanos en términos políticos. Ciudadanos se disolvió tras sus malos resultados en la elección parlamentaria de diciembre, y el vástago político de Bellolio —Red Liberal— no logró ser el articulador de un espacio de centro liberal. Ambos miran casi con envidia lo logrado por Evópoli —el partido de derecha liberal que encabeza Felipe Kast— y la apuesta de Mirosevic. Lorena Recabarren, la representante de ese partido invitada a esta discusión, se tuvo que excusar a última hora.

El lunes, justo el día en que el Papa Francisco puso un pie en Chile —un Estado laico, dicen de forma unánime, es prioritario para un liberal—, los tres se reúnen a debatir sobre qué significa adscribir al liberalismo en 2018. Y cómo se entiende que encontremos de los suyos en todo el espectro político.

—¿Cómo explican este renacer de ideas liberales de ocho años a la fecha?

—Vlado Mirosevic (VM): En general, el resurgimiento del liberalismo tiene que ver con que hay agendas en boga relacionadas con temas que siempre han sido del liberalismo. Por ejemplo, la causa de los derechos humanos en general. Eso quiere decir, en favor de minorías sexuales, étnicas, un debate sobre el Estado laico, sobre profundizar la democracia.

—¿Son debates más recientes?

—VM: Creo que sí. En el caso de Chile, es una de las sociedades más conservadoras de Latinoamérica que comienza a tener una agenda postransición. Un debate con menos dogmas.

—Sylvia Eyzaguirre (SE): Yo soy más escéptica. Al liberalismo en Chile le ha ido supermal electoralmente. Ciudadanos no subsistió. El Partido Liberal es aún pequeño. En la derecha, Felipe Kast, que representa las banderas liberales, en la primaria fue el último. Veo iniciativas desde la izquierda y la derecha por levantar un movimiento liberal, pero también percibo que somos débiles frente al statu quo de los otros partidos que son más conservadores.

—Cristóbal Bellolio (CB): Hay una serie de cambios culturales ocurridos en Chile en los últimos 25 años que hacen que este sea un momento propicio para una agenda liberal. Cuando en un país las necesidades urgentes son de pan, techo y abrigo, es poco probable que las banderas del liberalismo, que algunos pueden considerar que tienen que ver con necesidades posmateriales, quizás, se impongan electoralmente o que luzcan tanto.

Pero es pertinente distinguir entre el rendimiento electoral de ciertos grupos y la penetración o influencia de las ideas liberales. Aunque al centro liberal no le fue bien, otros que sí portaban banderas liberales —tanto en el Frente Amplio como en Chile Vamos— no les fue nada de mal. Sus ideas sí están permeando en otras agrupaciones.

—¿Ser liberal es ser de centro? ¿Y quien es de centro necesariamente es liberal?

—VM: En el mundo hay expresiones de izquierda, centro y derecha liberal. Todos tienen una pata en el centro, eso es característico. En Chile se suele confundir al centro con una cierta tibieza, algo más confesional y pro statu quo, dada la historia de la DC. Pero si uno mira más atrás, el centro estaba representado por el Partido Radical, que era laico y reformista. No es una condición, pero mayoritariamente quienes nos sentimos liberales nos sentimos de centro.

—SE: Creo que es relativo a las otras figuras políticas del contexto. En Chile el liberalismo ha estado más en la izquierda que en la derecha. Evópoli partió recién, pero en general los temas más liberales los tuvo el PPD y algunas facciones del PS.

—¿Qué significa ser liberal hoy? ¿Defender la autonomía de la persona frente al Estado, un Estado limitado, apoyar una agenda valórica abierta, respetar las libertades de los demás?

—SE: Entiendo el punto de partida del liberalismo como un tema epistemológico, en el que tú no tienes dogmas ni certeza sobre qué valores son superiores, dentro de un margen. Y por tanto, tú aceptas que los otros puntos de vista son válidos en el espacio público y en la esfera privada, y no quieres que tus valores se impongan por la fuerza —el Estado y la coacción— a otras personas que no tienen tu postura.

—CB: Estamos hablando de tradiciones internamente diversas. El liberalismo es una gran familia. Como yo lo entiendo, el liberalismo es un proyecto justificatorio del proyecto político. El poder político, a través del Estado u otras formaciones, se ejerce coaccionando, todos debemos acatar. Yo considero que el poder político debe ser limitado, porque es así el ámbito de las cuestiones en las cuales es legítimo que se imponga una coacción. Por defecto somos sospechosos del poder y su concentración.

—VM: Lo planteo de otra forma: ¿Qué causas un liberal en Chile debiera abrazar? Lo primero, en materia económica, el brutal déficit en libre competencia. Lo segundo, distribuir el poder político o la democracia. Esto tiene que ver con regiones, combatir el presidencialismo. Lo tercero tiene que ver con libertades individuales y un Estado laico. Y una agenda social, que a los liberales igualitarios nos representa, de ciertos pisos de garantía mínima para que los ciudadanos puedan hacer la vida que quieran.

—¿Dónde se acomodan mejor los liberales en el espectro político chileno? ¿Por qué hay unos en el Frente Amplio y otros en Chile Vamos?

—SE: En términos morales, los liberales tenemos mucho acuerdo. Donde no lo hay es en el tema económico, es decir, hasta qué punto debe haber un estado de bienestar en un mundo liberal. Ahí están los liberales igualitarios, que creen que para ejercer tu libertad requieres de condiciones materiales. Hay otros liberales que no ven que lo material sea fundamental para desarrollar tu proyecto de vida. Esa es la mayor diferencia entre liberales, y de alguna manera se mueve en el eje izquierda-derecha.

—VM: Estamos viendo por primera vez el surgimiento de proyectos liberales como principal identidad política, porque siempre estuvieron subsumidos en otros partidos —el PPD, RN, incluso en el PS—, o estaban en coaliciones más amplias. En nuestro partido la única pretensión es reunir a social liberales, liberales progresistas o liberales igualitarios, como queramos llamarlo. Es una pretensión difícil, y quien lo intentó fue el presidente Balmaceda, que terminó brutalmente abandonado. Creo que puede haber distintos proyectos liberales con orientaciones diferentes, y eso es sano para el liberalismo y la democracia.

—¿Y cuál es el rol del Partido Liberal (PL) en el Frente Amplio (FA)?

—VM: Hoy es bastante evidente que ganó una tesis que empujamos desde el principio, que era que el FA fuera un frente ciudadano, una reunión de partidos alternativos al duopolio, y no sólo un frente de izquierda. Si iba a ser el Juntos Podemos, no teníamos nada que hacer ahí. Esa fue una tesis que inicialmente pusimos como condición, que fue decantando y poselecciones se hizo evidente. El 20% de Beatriz Sánchez representa no un voto de izquierda, sino que transversal, más conectado con causas ciudadanas, y eso quedó claro.

 

La agenda de Piñera

—Quedan dos meses para que Sebastián Piñera asuma. ¿Qué desafío plantea su gobierno a las ideas liberales? Sylvia, empecemos por ti, que trabajaste en su programa de gobierno.

—SE: Encuentro complicada la posición de Piñera. El ganó con una importante ventaja respecto de su contendor, pero apoyado por tres partidos —dos de los cuales son los más grandes (UDI y RN)— que no son liberales. El principal desafío no sé si será que su gobierno sea liberal, porque debe responder a la gente que lo apoyó, pero sí creo que va a ser dar un espacio para que empiece a crecer el mundo liberal de centroderecha al que él se siente cercano.

—CB: Yo suscribo la tesis. Es un poco iluso creer que Piñera hará un gobierno liberal, pero lo que sí puede hacer es dar salida a referentes liberales, figuras jóvenes. No es casualidad que Piñera vaya a Evópoli y diga “acá están los 3/4 de mi futuro gobierno”, cosa que no le debe haber gustado a la UDI ni a RN. En el fondo él entiende a dónde va la micro. Piñera sabe de cuestiones bursátiles, qué hacer cuando acciones van al alza o a la baja. Él sabe que Evópoli está cubriendo un nicho que va al alza, y tengo la impresión de que si preguntas a Piñera quién le gustaría que fuera su delfín —José Antonio Kast, Manuel José Ossandón o Felipe Kast—  él no tiene dónde perderse.

—VM: Tengo una posición más escéptica. Creo que Piñera se debate entre ser un gobierno de derecha o de centroderecha. Todos los guiños hacia el centro, parecerse a la figura de Patricio Aylwin, no le creo. Si le va bien en ese esfuerzo, va a poder ser a lo más un gobierno de centroderecha.

Los desafíos mundiales

—Más allá de los temas morales o económicos, hay otros desafíos hoy, como la inmigración y la reacción nacionalista. ¿Cómo se para un liberal ante eso?

—SE: El tema migración es un desafío para el mundo liberal. Hay reacciones como el Brexit en Inglaterra, o en Holanda, Alemania, países que se caracterizaban por sus puertas abiertas a la migración, que han girado a un proteccionismo preocupante.

—VM: Si uno mira los nacionalismos

europeos, ha sido el liberalismo igualitario su mejor contestación, y han sido los partidos liberales los que han sido capaces de enfrentarse y de poner el cerco.

—CB: Hay que decir también que esta reacción de movimientos nacionalistas ante ciertos valores liberales también la vemos en Chile, y la encarna José Antonio Kast. Muchos votaron por él porque representaba una reacción a la dictadura de la corrección política. Este progre que pontifica moralmente respecto de lo que puedes o no decir. La pregunta para el futuro de los liberales es: ¿cuáles son los límites de la libertad de expresión? ¿Es liberal o no decir qué chistes puedes contar o comentar? No tenemos eso resuelto. Hay ciertas personas que van a querer activar el músculo coercitivo del Estado y prohibir el chiste políticamente incorrecto.

—SE: Pero en general somos anticensura, a pesar de considerar dañino lo que se diga.

—CB: Estamos casados entre dos mundos. Entre quienes dicen que todo debe prohibirse, los social justice warrior, a los que todo les ofende, que generalmente se articulan en la izquierda. Y, por otro lado, lo que genera la reacción a eso, que es lo que en EE.UU. le da a comer a Trump y aquí a Kast. Nosotros, por una parte, no queremos censurar lo políticamente incorrecto, y por otro, queremos cuidar la dignidad. Esta hoy en EE.UU. es “la” batalla cultural y en Chile se está instalando muy fuerte.

—VM: Haría un matiz. Tenemos que hacer una crítica histórica a lo considerado liberal en Chile, que es una versión mutilada. En Chile tenemos entendido que el liberalismo es neoliberalismo económico, catolicismo radical y una semidemocracia. Los Chicago Boys son estas 3 cosas, pero son una versión anómala del liberalismo. Ellos mataron una tradición de liberalismo transformista, laica y cultural que era distinta. Hay que controvertir eso que en Chile se dice liberalismo.

Fuente: http://www.quepasa.cl/articulo/politica/2018/01/ser-liberal.shtml/