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Alessia Injoque, nueva presidenta de la Fundación Iguales: “Tenemos mayoría en el Congreso a favor de las leyes por la diversidad sexual”

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La ingeniera se convertirá en la primera persona transgénero en asumir la presidencia de Fundación Iguales. Para eso, dejó su trabajo en Cencosud y renunció a la militancia en el Partido Liberal, aunque no descarta competir como diputada en el futuro.

Desde hace dos años que los cambios se han apoderado de la vida de Alessia Injoque. En julio de 2017, cuando tenía 35 años, decidió salir a la luz pública y contar- en la Revista Qué Pasa- el proceso que le permitió comunicar a sus jefes y compañeros de trabajo que era una mujer transgénero, Y hoy, cuando ya es una figura reconocida en la lucha por la diversidad sexual, dejó atrás su carrera como ingeniera y se dedicará a tiempo completo al activismo.

El 30 de agosto renunció a cinco años de trabajo en Cencosud, y hace dos semanas se desafilió del Partido Liberal, colectividad en la que militó por casi dos años. Todo, para convertirse en la primera persona transgénero en presidir la Fundación Iguales.

¿Qué significa para usted este nuevo desafío?

Había muchos sectores que pedían más visibilidad de mujeres y personas trans y si puedo ser yo quien cumple esas expectativas, me alegra. En el período en el que estamos, en medio de una ola feminista y cambios sociales es muy importante que haya voces femeninas en puestos de liderazgo. Muchos pensaban que era una deuda que tenía la Fundación y ojalá con esto nos podamos poner al día.

Algunas mujeres han señalado que existe machismo dentro de las organizaciones que luchan por la diversidad sexual, ¿concuerda?

El machismo es algo que es parte de nuestra sociedad, a nivel general. Crecimos con el machismo, entonces es bastante esperable que en todos los espacios lo encontremos. Sin embargo, confío en que en Iguales la ausencia de una mujer en un cargo como el mío no ha sido por un tema de machismo. No puedo hacerme cargo de todas las fundaciones, pero dentro de Iguales se ha hecho un esfuerzo, tal vez, no fue el suficiente, pero ahora estamos dando un paso con mi nombramiento. Mi designación es una señal de que esto nos importa, de que queremos acercarnos a quienes han estado poniendo foco en esto y que queremos que muchas cosas cambien en la sociedad, entre ellas, el machismo.

¿Por qué es importante que una mujer transgénero asuma el liderazgo en la organización?

En los trabajos de activismo es muy relevante desde la perspectiva personal, cómo enfrentas la sociedad y te da herramientas para relacionarte. En este caso, por ejemplo, para trabajar con la comunidad trans y con las comunidades de mujeres lesbianas voy a tener una mayor capacidad de acercarme a cuáles son sus necesidades y entenderlas respecto a lo que pudo haber sido un hombre, que no quiere decir que no puedan entenderlas, pero haber experimentado esas necesidades te lleva a una mayor cercanía. Este trabajo muchas veces es construir confianza y cercanía, y en eso hay un aporte importante.

Y más allá de la experiencia personal, ¿cuál espera que sea su principal aporte a la Fundación?

Va por dos lados. Por uno, mi interés es tomar un liderazgo comunicacional importante, estar muy presente en todas las discusiones sobre diversidad, sobre género, sobre feminismo, quiero posicionarme como una voz importante a la hora de discutir estos temas. Y, por el lado de la gestión, tengo una trayectoria importante en administración y conseguir fondos. Estoy capacitada para manejar eso.

¿Cuál es la tarea número uno en Chile en la lucha por la diversidad sexual?

Es muy difícil hablar de un número uno, porque cada una de las luchas y leyes pendientes que hay son número uno para alguien. Entonces diría que lo número uno es impulsar cambios sociales. Tenemos que llegar a un punto en que todos seamos libres de ser y de amar. En que ser hetero, gay, lesbiana o trans sea anecdótico a la hora de postular a un trabajo y no algo relevante para evaluar tu capacidad para el cargo. Además de eso, tenemos leyes pendientes e igual de importantes para la comunidad como la adopción homoparental, la ley de filiación, matrimonio igualitario y una reforma a la ley antidiscriminación.

Ha dicho que la gente “una vez que puede conectarse con lo que sienten (las minorías sexuales) se da cuenta que no somos tan diferentes y eso nos permite avanzar”. ¿Cree que a los políticos en Chile les ha costado conectar con lo que sienten las personas que luchan por la igualdad de derechos?

Sí, pero tenemos mayoría en el Congreso a favor de las leyes por la diversidad sexual. A los que les cuesta conectarse hoy día, lamentablemente, es al Ejecutivo. Hay un sector muy fuerte en la derecha que ha tomado como consigna oponerse a nuestras libertades, y a estas alturas es inevitable que tengamos igualdad ante la ley, pero estos grupos se han puesto más agresivos y están influyendo en el Ejecutivo, el que ha tomado distancia y nos complica el avance. Es lamentable, pensaría que un Presidente (Sebastián Piñera) que llamó a la unión, a ser la nueva Concertación, sería capaz de darse cuenta que tenemos un apoyo mayoritario en la sociedad, en el Congreso, y tenemos un acuerdo del Estado para impulsar el matrimonio igualitario. Sin embargo, el gobierno decidió oponerse.

¿Les sorprendió que el gobierno no impulsara el proyecto?

Nos sorprendió la forma en que se desligaron, no solamente al tomar distancia de la misma ley, sino que desentenderse como Estado y más aún que personas de Evópoli, que es un partido que se definía como aliado en estos temas, mantuviera una posición más bien pasiva. Fue Lorena Recabarren (subsecretaria de DD.HH. y militante de Evópoli) la que firma que el matrimonio igualitario será monitoreado y no impulsado. Nos ha generado desasosiego.

¿Va a buscar una audiencia con el gobierno para abordar este tema?

Estaría feliz de conversar con el Presidente o con cualquier persona del gobierno que quiera entender por qué es importante para nuestra comunidad poder desarrollar sus proyectos de vida con las mismas herramientas y dignidad que el resto, pero no creo que el gobierno esté dispuesto al diálogo, ya cerró su posición.

¿Y con José Antonio Kast? Han tenido discusiones vía Twitter…

No tengo problemas en conversar él, pero también lo veo difícil porque el problema en la política no solo es lo que cree la persona, sino que también lo que creen sus bases, y José Antonio Kast les habla a las personas que ven en nosotros una amenaza, nos tratan como si fuéramos una ideología que quiere destruir a la familia y sexualizar a los niños, es muy difícil.

¿Y cómo cree que se pueden abordar temas como el matrimonio igualitario o la adopción homoparental con los políticos que no concuerdan con ustedes?

Mi interés es tener relación con la derecha, tomar una posición conciliadora en todos los espacios; me interesa acercarme a la gente que está en contra de estos temas y conversar con ellos. Hay distintos desafíos dependiendo del sector político: en la izquierda es movilizarla y hacer que nos den más prioridad en la agenda y que nos ayuden a dar prioridad a nuestras demandas, y con la derecha, superar esta dinámica de división. Nosotros somos familias, somos personas, somos parejas que tratamos de desarrollar nuestros proyectos de la mejor manera posible. No existe una dicotomía entre familias heteros o familias de gays o lesbianas.

¿Se ve como la primera mujer trans en ser diputada?

No puedo negar que suena bonito, pero no está en un plan concreto. No descarto nada a futuro. A estas alturas no me atrevo a decir nunca, porque he hecho muchas cosas que nunca me habría imaginado. Entré a la política porque creo en la causa, porque todo esto me ha generado mucho dolor y no quiero que sufran otras personas y si dentro de eso -más adelante- encuentro que la mejor forma de seguir impulsando cambios es con un rol político más específico, lo haría.