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Las municipales en Francia medirán el desgaste de Macron

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Los sondeos anticipan un mal resultado en los comicios del día 15 al partido del presidente, debilitado por la falta de implantación nacional y el malestar de la calle

Tras las protestas en la calle, llega el turno de las urnas. Se acerca la hora de saber si las movilizaciones sociales contra las políticas de Macron en los últimos meses en Francia van a cristalizarse en un correctivo para el presidente, que afronta su gran reválida electoral el próximo domingo. Francia se dispone a celebrar unas elecciones municipales cargadas de incertidumbre para casi todas las formaciones políticas, especialmente para La República en Marcha.

El movimiento político macronista afronta las municipales sin candidatos de peso en las grandes ciudades, sin una estructura consolidada en una Francia de provincias que recela de su presidente y tras el escándalo del «sextape» que obligó a relevar a su candidato en París, la joya de la corona en juego en estas elecciones dada la naturaleza centralizada del país.

Una victoria en la capital podría borrar de un plumazo todos los problemas que últimamente ha ido arrastrando Macron, pero las encuestas señalan que tendrán muy difícil desalojar a la actual alcaldesa, la socialista Anne Hidalgo, hija de inmigrantes españoles, que ocupa la alcaldía desde el 2014. Su gestión llegó a ser muy criticada por problemas como la suciedad o la invasión de ratas pero en la recta final de su mandato, su clara apuesta por la transformación verde de la ciudad, estigmatizando el vehículo particular y sacralizando la bicicleta, la han catapultado para poder repetir mandato.

Aunque el presidente se mantiene cuidadosamente alejado de la contienda para evitar interpretaciones nacionales del resultado, el Elíseo ve las municipales como el pistoletazo de salida de la siguiente fase electoral: el Senado a finales de este año, las regionales en el 2021 y, sobre todo, las presidenciales del 2022 en las que Macron apuesta por volver a enfrentarse a la ultraderechista Marine Le Pen para repetir cargo.

En la capital, bastión del macronismo, el joven mandatario se impuso en la primera vuelta de las presidenciales de 2017 con un 35% de votos y ganó en la segunda vuelta con 90%. Todo parecía a punto hace unos meses para que las municipales consagrasen el dominio de LREM en París. Nada de eso ha ocurrido. Los macronistas empezaron ya mal la precampaña con una cacofonía de dos candidaturas. De un lado, la oficialista del hombre de confianza del presidente, Benjamin Griveaux. Del otro, la candidatura del diputado disidente Cédric Villani, un matemático con gran popularidad.

El presidente, después de mantenerse durante meses en una aparente neutralidad, intentó persuadir a Villani de que abandonase sus ambiciones. Pero su habilidad persuasiva cayó en saco roto. Villani se negó y quedó excluido del partido a finales de enero. Un culebrón que benefició las opciones de la actual alcaldesa, Anne Hidalgo, que se dedicó mientras tanto a reforzar su apuesta ecológica por la ciudad. Pero lejos de terminar, el escándalo tuvo una segunda parte cuando una semana después aparecía un presunto vídeo sexual filtrado de Griveaux que obligaba al candidato a dimitir y por el que sigue abierta una investigación que tiene en el punto de mira al artista ruso Piotr Pavleski, que difundió el vídeo.

A contrarreloj, y casi sin tiempo para la reflexión, fue el propio presidente quien decidió hacer una apuesta fuerte: una de las ministras mejor valoradas de su gabinete, la titular de Sanidad, Agnès Buzyn, era lanzada casi sin paracaídas sobre la torre Eiffel con apenas un mes de margen de campaña y toda la gestión del coronavirus en marcha. Una apuesta fuerte a sabiendas de que los sondeos están complicados para Macron: encabeza las encuestas la alcaldesa socialista Hidalgo con un 25% de intención de voto, seguida de la ex ministra de Justicia con el presidente Sarkozy, Rachida Dati, de la derecha tradicional, que le pisa los talones con el 24%. Los viejos partidos que Macron creyó enterrados no hace mucho tiempo dan señales de vida.

Pero a la complicada batalla por París hay que sumarle otros contratiempos que han afectado a las filas de Macron. Uno de ellos vino en forma de varapalo por parte del Consejo de Estado, que anuló una circular del ministro del Interior, Christophe Castaner del pasado 31 de enero en la que instaba a los prefectos de las municipalidades de menos de 9.000 habitantes que sus candidatos se presentasen a las elecciones sin ninguna clase de etiqueta política.

Cierto es que en Francia, en muchas localidades pequeñas el alcalde no está afiliado a ningún partido sino que presentan listas propias locales. Pero a nadie se le escapa que esta medida hubiese beneficiado en el recuento general de resultados al partido de Macron, con poca implantación en la Francia profunda. Este método habría excluido el 95% de municipios a la hora de presentar los resultados en todo Francia. La decisión deja poco margen de maquillaje en los resultados finales para las filas de Macron.

Entre los colaboradores del presidente se ha ido extendiendo en las últimas semanas el temor de que los resultados sean muy decepcionantes y que con ello, Macron quede tocado para lo que le queda de mandato. El candidato de Macron en Burdeos apenas sumaría el 8%, y los de Marsella o Montepellier un 6% y así con una larga lista de ciudades. Un fracaso en las municipales sería la puntilla después de un año y medio de gran agitación en la calle, un periodo que ha visto la revuelta de los chalecos amarillos y una huelga muy larga contra el proyecto de reforma de las pensiones.

Estos comicios también suponen un examen para los otros partidos. El ultraderechista Reagrupamiento Nacional de Marine Le Pen sueña con obtener triunfos inéditos en sus bastiones del norte y del sur del país, entre ellos Perpiñán, que sería la urbe más poblada bajo su control. Los ecologistas impulsados por su excelente resultado en las europeas y por el efecto Greta Thunberg en la opinión pública, piensan hacer muy buen papel en ciudades como Rouen o la capital alsaciana, Estrasburgo. Y sobre todo para los partidos tradicionales. Tanto socialistas como conservadores, aspiran a conservar el poder municipal en las grandes urbes para resurgir a nivel nacional. Para una derecha en ruinas, estas municipales son la oportunidad de conservar el enorme poder local logrado en el 2014. Los Republicanos pretenden salvar al menos sus feudos de Marsella, Burdeos y Toulouse. Los socialistas pretenden hacer lo propio en París, Lille, Rennes y Nantes.

Fuente: La Razón